Apuesta por la IA miles de millones

Omayra Gárces
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La expansión de los centros de datos impulsa inversiones millonarias, pero también plantea retos sobre empleo, consumo energético e incentivos fiscales.

La expansión de los centros de datos está redefiniendo el destino de las inversiones en Estados Unidos. Impulsadas por la demanda de infraestructura para inteligencia artificial (IA) y servicios digitales, estas instalaciones podrían atraer alrededor de 10.3 billones de dólares y generar un impacto equivalente a cerca del 4% del producto interno bruto (PIB) estadounidense, según estimaciones citadas por Stateline.

Sin embargo, la magnitud del capital comprometido también abre interrogantes sobre la creación de empleos, los incentivos fiscales y la presión sobre los recursos energéticos.

Una inversión que supera otros auges históricos

La dimensión del fenómeno permite compararlo con algunas de las mayores transformaciones económicas de Estados Unidos. Durante la expansión ferroviaria de 1870 a 1890, la construcción de vías representó una inversión equivalente a aproximadamente 173,000 millones de dólares actuales y contribuyó con más del 2% del PIB anual durante dos décadas, de acuerdo con los datos citados en el análisis de Stateline, publicado por Diario de El Paso.

Las proyecciones para los centros de datos superan ampliamente ese antecedente. El informe del economista Stijn Van Nieuwerburgh, profesor de Columbia Business School, estima que el despliegue de esta infraestructura podría alcanzar una escala cercana al 4% del PIB estadounidense.

La diferencia no radica únicamente en el monto invertido. Los centros de datos son instalaciones estratégicas para procesar y almacenar información, ejecutar aplicaciones de IA y sostener servicios en la nube. Su construcción moviliza capital, demanda equipos especializados y abre oportunidades para empresas de manufactura, construcción, ingeniería y suministro tecnológico.

No obstante, una inversión de gran tamaño no se traduce automáticamente en beneficios proporcionales para el empleo o las comunidades donde se instalan los proyectos. La capacidad de generar valor depende también de la participación de proveedores locales, la contratación de trabajadores y los ingresos que estas operaciones aportan a las economías regionales.

El empleo y los incentivos fiscales entran en la discusión

Uno de los principales cuestionamientos al auge es la cantidad de empleos permanentes que genera frente al volumen de capital requerido. Aunque la construcción demanda trabajadores durante el desarrollo de las instalaciones, la operación de los centros de datos suele necesitar menos personal que otras actividades económicas que requieren inversiones de magnitud comparable.

El análisis de Stateline también advierte sobre un posible desplazamiento de recursos hacia la infraestructura informática. Con base en datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, el medio reportó que el valor anual de las nuevas construcciones destinadas a centros de datos superó los 85,000 millones de dólares, mientras que el valor del resto de la construcción cayó 8% en los dos años analizados.

Esta tendencia plantea un desafío para los gobiernos que compiten por atraer proyectos tecnológicos: determinar qué beneficios económicos recibirán a cambio de ofrecer incentivos fiscales, infraestructura y servicios públicos.

Antes del auge de la inteligencia artificial, diversos estados estadounidenses concedían exenciones tributarias para atraer centros de datos. Ahora, algunos revisan esas políticas ante las dudas sobre la recaudación y los costos asociados con el suministro de electricidad y agua.

Nevada, por ejemplo, ha comenzado a reducir beneficios fiscales y a exigir que estas instalaciones asuman los costos relacionados con su consumo de recursos, según el reporte de Diario de El Paso. Virginia también aprobó un recargo específico sobre el consumo eléctrico de los centros de datos, vigente desde julio de 2026.

Las decisiones muestran que la competencia por atraer capital tecnológico está evolucionando. Además de ofrecer condiciones favorables para la inversión, los gobiernos enfrentan la necesidad de evaluar el costo de los incentivos, la disponibilidad de servicios y el retorno económico para sus comunidades.

La energía se convierte en una variable estratégica

El consumo energético representa otro factor determinante para la viabilidad de estos proyectos. Las instalaciones que procesan grandes volúmenes de información para aplicaciones de IA requieren capacidad eléctrica suficiente y confiable, lo que puede incrementar la presión sobre las redes de suministro.

Las estimaciones citadas por Stateline apuntan a que la expansión de los centros de datos podría duplicar el consumo de electricidad asociado con este despliegue de infraestructura. A ello se suma la necesidad de agua para determinados sistemas de enfriamiento, un aspecto que adquiere mayor relevancia en regiones donde la disponibilidad de recursos es limitada.

Para los territorios que buscan atraer este tipo de inversiones, la disponibilidad de energía, agua, suelo industrial y conectividad puede convertirse tanto en una ventaja competitiva como en una restricción para el crecimiento.

También persiste la incertidumbre sobre la rentabilidad de las inversiones realizadas para atender la demanda futura de inteligencia artificial. El retorno dependerá de que los ingresos generados por los servicios y las aplicaciones tecnológicas justifiquen el costo de construir y operar esta infraestructura.

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La inteligencia artificial está movilizando inversiones

El auge de los centros de datos confirma que la inteligencia artificial está movilizando inversiones capaces de transformar sectores completos de la economía. Sin embargo, la magnitud del capital no basta para determinar el éxito de una estrategia de desarrollo: también importa cuánto valor permanece en las regiones que reciben los proyectos.

Para los gobiernos y las empresas que buscan participar en esta industria, el reto consiste en vincular la atracción de inversiones con objetivos concretos de desarrollo económico: integrar proveedores locales, generar empleos especializados, fortalecer las capacidades industriales y garantizar que la infraestructura energética e hídrica pueda sostener el crecimiento.

En este contexto, la competitividad de una región no dependerá únicamente de cuántos centros de datos logre atraer, sino de su capacidad para convertir esa inversión en oportunidades para otras empresas y en beneficios económicos sostenibles. La pregunta de fondo no es cuánto capital llegará, sino qué tan amplia será la derrama económica que consiga generar.

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