El Noa Noa: historia, esplendor y ocaso del antro más emblemático de México

Daniela Urtaza
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Es casi seguro que el Noa Noa sea el centro nocturno más emblemático en la historia de México, un título disputado por otros famosos como El Patio o el Club Bombay, pero que pocos pueden arrebatarle. Y gran parte de su fama se debe, como todos saben, a la canción que Juan Gabriel le dedicó: aquella que describe un lugar idílico en Ciudad Juárez donde la fiesta no paraba, la música hacía bailar sin fin y las noches se volvían inolvidables.

Pero, ¿qué hay más allá de la célebre melodía del Divo de Juárez? La verdadera historia del Noa Noa es tan vibrante como las décadas que le dieron vida.

Nace un ícono en plena guerra

El Noa Noa abrió sus puertas en 1964, uno de los años más complejos para América del Norte debido a la guerra de Vietnam. Su éxito fue producto de una afortunada combinación de factores: la buena suerte, desde luego, pero sobre todo la enorme demanda de bares mexicanos en la frontera, alimentada por la prohibición del alcohol en Estados Unidos —una norma que, aunque formalmente terminó en 1933, dejó arraigada la costumbre de cruzar a Juárez para divertirse.

“La ciudad estaba inundada de estadounidenses porque en ese entonces, durante la guerra de Vietnam, había una base cercana con 20 mil soldados y los dejaban venir a divertirse aquí y gastaban todo lo que tenían porque no sabían si iban a volver”, recuerda Mercedes Álvarez, amiga de Juan Gabriel.

De hecho, al Noa Noa se le reconoce como el primer bar y salón de baile de la región que puso música en inglés.

¿Por qué “Noa Noa”?

El fundador del establecimiento fue David Bencomo Lincano, quien eligió ese nombre por razones que nunca fueron del todo aclaradas. Una de las teorías más extendidas sugiere que “Noa”, palabra de origen hebreo que significa “delicia”, inspiró el nombre: “Vamos al Delicia Delicia”, podría haber sido la invitación implícita que después popularizaría Juan Gabriel en su canción.

El joven Alberto Aguilera en el Noa Noa

La historia del Divo de Juárez con el Noa Noa comenzó cuando él tenía apenas 16 años. El centro nocturno acababa de abrir y Alberto Aguilera Valadez —nombre real de Juan Gabriel— llegó para trabajar como personal de limpieza. Fue ahí donde más tarde debutaría como cantante, interpretando el tema “Adoro” de Armando Manzanero. El resto es historia conocida.

Con el paso de los años, el Noa Noa se convirtió no solo en un lugar de fiesta, sino también en un santuario para honrar al cantante más famoso de Juárez, con discos, fotografías y afiches colgados en las paredes que recordaban los tiempos en los que alojó a Juanga.

El incendio que lo borró del mapa

El año 2004 marcó el fin del Noa Noa. El 17 de febrero, al mediodía, el dueño entró al establecimiento ubicado sobre la avenida Juárez, a 14 cuadras del puente internacional Santa Fe, para revisar algunos asuntos. Al encender la luz, todo comenzó a arder.

La columna de humo se hizo visible a varios kilómetros. No solo el inmueble y el mobiliario quedaron reducidos a hollín: también se perdieron 250 fotografías de Juan Gabriel y de otras figuras como Tongolele y la sensual Meche Carreño. No hubo nada que hacer.

Un legado en disputa

Tras el incendio, el terreno del Noa Noa se convirtió en un estacionamiento público. David Bencomo hijo, heredero del negocio, mantuvo durante años la intención de reconstruir y reabrir el antro, pero los herederos de Juan Gabriel nunca se lo permitieron debido a un conflicto legal por el uso del nombre del cantante.

El empresario murió luchando por el sueño de que el famoso centro nocturno reabriera algún día. Nunca lo logró. Hoy, el Noa Noa sobrevive en la memoria colectiva y, sobre todo, en la voz del Divo de Juárez que lo inmortalizó para siempre.

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