El Bar Kentucky: cuna de la margarita, refugio de la Ley Seca y leyenda viva de Ciudad Juárez

Daniela Urtaza
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En la frontera norte de México, junto al puente internacional que conecta con El Paso, Texas, se levanta un pequeño gran emblema de la historia juarense: el Bar Kentucky. Considerado el cantina más antigua de Ciudad Juárez en activo, este establecimiento abrió sus puertas en octubre de 1920 y ha sido testigo de más de un siglo de historias, personajes y, sobre todo, de una bebida que terminó por conquistar el paladar del mundo entero.

Su origen está ligado directamente a la Ley Seca que imperó en Estados Unidos entre 1920 y 1933. Miles de ciudadanos estadounidenses cruzaban entonces la frontera buscando lo que en su país les estaba prohibido: alcohol, diversión y cierto aire de clandestinidad. El Kentucky se convirtió así en un punto de encuentro obligado.

La cuna de la margarita

Pero si algo distingue a este bar en el mapa global de la coctelería es que aquí, según la versión más arraigada en Ciudad Juárez, nació la margarita en 1940. La bebida —tequila, jugo de limón y licor de naranja (triple seco)— se ha convertido en uno de los cócteles mexicanos más famosos del mundo.

La historia, tal como la relata Sergio Peña, actual encargado del bar, tiene nombre de mujer: “así se llamaba la novia de Jesús”, un amigo del creador original. La leyenda cuenta que Jesús Morales acompañaba a su novia Margarita y a sus amigas, todas ellas amantes del tequila, por lo que el barman decidió crear una mezcla elegante con la bebida de agave. El nombre quedó inmortalizado.

Sin embargo, hay otra versión. Federico Delgado, quien fuera encargado del establecimiento por décadas, aseguraba que el verdadero inventor fue don Lorenzo Hernández, un barman que trabajó en el Kentucky Club por más de 50 años.

Más allá de la disputa histórica, lo que nadie discute es la magnitud del fenómeno: en el Bar Kentucky se han servido más de un millón de margaritas.

Un salón lleno de fantasmas célebres

La fama del Kentucky no solo viene de su coctelería. Su barra ha sido supuesto escenario de visitas ilustres que rayan en la leyenda urbana. Se rumora que por sus puertas han pasado desde el cómico mexicano Cantinflas hasta el cantante Frank Sinatra, pasando por el gangster Al Capone, las actrices Elizabeth Taylor y Marilyn Monroe, el vocalista de The Doors Jim Morrison, y los icónicos John Wayne y Steve McQueen.

Aunque muchas de estas anécdotas carecen de confirmación documental, forman parte del tejido mítico que envuelve al lugar.

Una cápsula del tiempo en la frontera

Quien cruza hoy el umbral del Bar Kentucky se encuentra con una atmósfera que parece detenida en el tiempo. La barra de caoba color marrón sigue siendo el centro de operaciones. Los candelabros, con sus luces verde, roja y blanca, buscan evocar los colores de la bandera nacional.

Uno de los grandes tesoros del lugar es un espejo ahumado en el que todavía se puede ver una calcomanía con banderas de varios países, colocada durante la Segunda Guerra Mundial. Las antiguas cajas registradoras de la época de la apertura —ya fuera de servicio— permanecen intactas, como piezas de museo al alcance de la vista de los visitantes.

Curiosamente, y pese a que hoy las mujeres son parte fundamental de la clientela, durante muchos años tuvieron prohibida la entrada a los bares en Ciudad Juárez, algo que contrasta con la historia de la musa que dio nombre a la bebida estrella.

El Bar Kentucky no es solo un antro fronterizo más. Es un símbolo de resistencia, mezcla de historia real y ficción, donde cada margarita servida lleva consigo un pedazo del alma de una ciudad que ha sabido reinventarse una y otra vez.

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