“Panteón de los Niños”: el viejo cementerio de Ciudad Juárez que envuelve leyendas y riesgos

Daniela Urtaza
3 Min Read

En medio de fraccionamientos de clase media y media-alta de esta fronteriza ciudad, se erige un cementerio que el imaginario popular ha bautizado como el “Panteón de los Niños”. Aunque el nombre no es del todo preciso, las historias que lo rodean le han valido un lugar en la tradición oral de los juarenses.

Un camposanto antiguo, no exclusivo para infantes

Contrario a lo que sugiere su apodo, este panteón nunca fue destinado únicamente para el entierro de menores de edad. Se trata, en realidad, de uno de los camposantos más antiguos de la ciudad. Durante décadas, los pobladores de los ejidos del Valle de Juárez utilizaron este espacio para dar sepultura a sus difuntos, evitando trasladarlos a los cementerios municipales.

Si bien es posible encontrar tumbas de personas de todas las edades, lo que ha alimentado el nombre popular es que la mayoría de las sepulturas corresponden efectivamente a niños y adolescentes menores de 16 años.

La leyenda: huellas pequeñas y risas en la noche

Como ocurre con muchos lugares con décadas de historia, el “Panteón de los Niños” ha sido cuna de leyendas urbanas. La más difundida cuenta que si un visitante estaciona su automóvil a las afueras del cementerio, al regresar encontrará pequeñas huellas de manos marcadas con lodo sobre la carrocería.

Otra versión popular refiere que quienes se atreven a recorrer el lugar en horas nocturnas han escuchado risas de niños y han sentido presencias inexplicables, además de haber vislumbrado siluetas pequeñas entre las cruces. La tradición oral sostiene que los espíritus de los infantes salen a jugar con aquellos que se aventuran a entrar después del anochecer.

Un peligro real más allá de lo paranormal

Sin embargo, las autoridades y los vecinos advierten que el principal riesgo de visitar este sitio no es de carácter sobrenatural. El panteón, que carece de bardas o cerramiento, permanece abierto al público a cualquier hora. Esta condición lo ha convertido en un punto de reunión para consumir bebidas alcohólicas durante la noche, lo que representa un peligro real para cualquier visitante, pues no existe ningún tipo de vigilancia o elemento que garantice su seguridad.

Una experiencia tranquila… con respeto

Quienes han caminado por el lugar durante la tarde describen una experiencia sorprendentemente pacífica. El silencio que impera entre las cruces de madera y las tumbas de cemento resulta calmante para algunos, y el entorno visual posee un carácter atrayente.

No obstante, los conocedores del sitio recomiendan a los curiosos y entusiastas de la aventura que, si deciden visitarlo, lo hagan con el mayor respeto posible. “No olvidemos que quienes están enterrados ahí también fueron personas”, advierten, e insisten en que no se debe vandalizar ni demeritar las lápidas ni el cementerio en general.

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